Dibujar con el cerebro

Domingo 04 de enero de 2015 | Publicado en edición impresa

LA NACION revista

El hemisferio no dominante y su preponderancia a la hora de crear

Por Diego Golombek  | LA NACION

 
Foto: LA NACION / Alma Larroca
 

Como decíamos ayer, la noción de los dos cerebros no es más que una exageración. pero que los hay, los hay. Así como la función racional del lenguaje está localizada en el hemisferio dominante (el izquierdo para la mayoría), hay evidencias de que el otro hemisferio tiene cierta preponderancia a la hora de la creatividad y el arte. Es más: algunos estudios indican que el bocho dominante puede inhibir algunas facultades de su hermano mellizo, actuando como una especie de vigilante de la imaginación, velando por la moral y las buenas costumbres. Es más: a veces las mínimas lesiones en el hemisferio racional pueden tener un efecto positivo en la búsqueda de soluciones creativas. Ojo: ¡esto no lo hagan en su casa!

Por otro lado, recordemos que el cerebro siempre actúa de forma integral. A los bifes: la próxima vez que compren el seso para el relleno de los ravioles, ábranlo en dos con un corte longitudinal y notarán un anillo blanco y brillante en el medio: se trata del cuerpo calloso, por donde se comunican permanentemente los dos hemicerebros. Cuando el cuerpo calloso anda mal pasan cosas raras, como poder identificar un objeto por su forma, pero no nombrarlo con palabras. Pues bien: aunque no recomendamos lesionarse el hemisferio dominante, lo que sí pueden intentar son ejercicios para inhibirlo, como viene proponiendo desde hace tiempo la profesora de arte Betty Edwards en sus libros, blogs y cursos sobre Dibujar con el lado derecho del cerebro, dedicado a. nosotros, una manga de inútiles para todo lo que tenga que ver con lápices, pinceles, crayones o acuarelas. Si se sintieron identificados con esta definición, sigan leyendo.

Lo que propone Edwards es, en cierta forma, engañar a la racionalidad del hemisferio derecho a través de atajos que no le permitan decidir qué está dibujando o pintando y, por lo tanto, censurar la calidad de la obra de arte. Y los ejemplos que muestra del antes y después de sus alumnos son impactantes. ¿Será que nosotros, los ciegos al arte, podremos lograr algo parecido? La profe cuenta lo que se sabe del cableado neuronal y, si bien exagera al referirse a un modo I(zquierdo) y un modo (D)erecho del cerebro, enseguida nos pone manos a las telas.

Veamos algunos de sus ejercicios (realmente recomiendo hacerlos). Uno de los más sencillos consiste en dibujar el perfil de una cara, en la parte izquierda del papel (si uno es diestro), mientras se va nombrando cada una de las partes del rostro (frente, ojos, nariz, labios, mentón). Si buscan la página de Betty en Internet, también ofrece un dibujo ya hecho para completar. Ahora hay que dibujar la imagen especular de esta cara, sobre el lado derecho del papel, simplemente copiando la anterior. El resultado: lo más posible es que los dos rostros sean bastante diferentes. Al nombrar las partes en el dibujo, pusimos en marcha al hemisferio dominante, al cual, en cierta forma, no le gusta mucho pintar. Pero al copiar el dibujo en el otro lado del papel, ya desapareció el concepto de rostro, y simplemente se trató de dibujar algo más o menos simétrico, dando la oportunidad al hemisferio no dominante de despacharse a su gusto.

Incluso hay algo más sencillo. Si pretendemos hacer un retrato a partir de una foto del tío Jorge, lo más posible es que el dibujo sea algo similar al monstruo del lago Ness o de Quasimodo (aunque no los conozcamos, está claro que son bichos raros). Pero basta con dar vuelta la foto para copiarla, y ya no es un rostro familiar sino una serie de líneas que el hemisferio izquierdo puede imitar de manera bastante decorosa. Otra posibilidad para engañar al vigilante cerebral es simplemente dibujar contornos, o imágenes en negativo de lo que queremos copiar, sin importarnos el contenido y, por lo tanto, sin poder detenernos en decidir si está bien o mal. El arte, en el fondo es ciencia aplicada

Picasso solía decir que todos los niños nacen artistas. El problema es que después se olvidan

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