El hombre que fabricaba crucigramas

por Guillermo el 17 abril de 2012 de http://lamemoriaeselcamino.com/el-hombre-que-fabricaba-crucigramas/

Azarías no se llama Azarías, ni es de Comillas, donde nos juntamos para que me cuente como trata de asumir y afrontar la noticia de hace poco más de un mes de que su mujer, de tan solo 56 años, padece Alzheimer. Azarías es un menudo cántabro que se disponía a disfrutar de su jubilación y de golpe y porrazo está tratando de darse cuenta que los planes han cambiado, que han cambiado radicalmente y se aferra como a un clavo ardiendo con la posibilidad de que todo se pueda retrasar hasta el infinito, de que el caprichoso cerebro tenga un recodo oculto que le permita a su mujer no olvidarse de lo esencial. Está en la primera fase, en la más dura para el paciente, aquella en la que sabe lo que está sucediendo y, lo que es peor, en lo que puede venir después. Y Azarias pelea, siendo consciente que el trabajo más duro le va a tocar en la jubilación. “Le compré libros de estos de crucigramas y sopas de letras, pero ya no los entiende”, me comenta, con lo que desde hace una semanas ha decidido trazar la línea recta y es él el que le fabrica de forma artesanal las sopas de letras “con cosas que entiende; eso si de abajo a arriba y de izquierda a derecha, algo sencillo, sin complicaciones”. Se ha convertido, de la noche a la mañana, en editor a medida. Va a pelear, hasta el final, y se le entrecorta la voz tratando de asumir la situación, solo conocida por los más cercanos porque ella no quiere que se sepa, la permanente invisibilidad del Alzheimer. Me comenta que trata de no hablarlo con ella, de hacer vida normal, de pasear con ella por el pueblo cántabro en el que habita pero ya sabe lo complicada que es la normalidad, ese ya lo sabemos los dos sin contarnos nada. Se le iluminan los ojos cuando me relata como esta misma semana esperaba la recepción en su hogar de unos bonos en los que era necesaria la firma. El tenía que estar fuera, así que si llegaban cuando él no estuviera, la firma tenía que ser la de ella. A su vuelta a casa, todavía no había llegado el mensajero y fue finalmente él quien los recibió y firmó. Sobre la mesa, se encontró un post-it lleno de firmas de su mujer. Se había estado entrenando para no fallar con la firma. Se le iluminan los ojos mientras se reafirma en que va a pelear. Y peleará.

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