Quien fue AUGUSTE DETER ?

Fue la paciente con la que el Dr. Alzheimer estudió
y describió la enfermedad que lleva su nombre y
que, hoy por hoy, es el prototipo de la demencia.

En su tan buscada historia clínica -que apareció en
1995 en los sótanos de la Clínica Universitaria de
Frankfurt donde fue almacenada entre enfermos
posteriores a 1920, motivo por el cual no había aparecido
anteriormente-, se refleja que:
Auguste Deter, era una mujer de 51 años y medio de
edad. En los antecedentes se recoge que la madre
de la enferma sufrió ataques convulsivos después de
la menopausia, durante los que al parecer, no perdía
la conciencia ni se le caían los objetos que tuviera en
tal momento en sus manos. La madre murió a los 64
años por neumonía; el padre falleció a la edad de 45
años debido a un ántrax de cuello. Tenía tres hermanos
sanos y no había historia familiar de alcoholismo
o enfermedad mental.
Anteriormente, Auguste nunca había estado enferma.
Estaba felizmente casada desde 1873, tenía una hija
sana y no había tenido abortos. Era una mujer muy
diligente, algo tímida, levemente ansiosa o miedosa y
muy bien educada. No había datos para pensar que
ni ella ni su marido hubieran tenido infección sifilítica
(enfermedad por entonces epidémica).
Hasta marzo de 1901 estuvo bien y nada reseñable
hay que hacer notar. En torno al día 18 de ese mes,
Auguste comenzó de manera repentina a asegurar,
sin la más mínima razón para ello, que su marido “se
iba de paseo con una vecina”. Desde entonces se
mostró muy fría y distante tanto con su marido como
con la susodicha vecina. Poco después, Auguste comenzó
a tener dificultad para recordar cosas.
Dos meses más tarde cometía más y más errores
al cocinar las comidas. Paseaba inquieta de manera
constante e inmotivada por su casa. Se despreocupó
poco a poco de todo y, en concreto, del cuidado
del dinero doméstico. Fue empeorando progresivamente.
Afirmaba que un conductor de tren, que iba a
su casa con frecuencia, tenía la intención de “hacerle
algo”. Además, comenzó a pensar que las conversaciones
que tenían lugar a su alrededor hacían siempre
referencia a ella. No tenía por entonces trastornos del
lenguaje ni parálisis de tipo alguno. Más tarde y con
frecuencia sentía por momentos miedo de estar muriéndose
y ansiedad nerviosa comenzando a temblar
al mismo tiempo. Repicaba sin ton ni son las campanillas
de entrada de las puertas de sus vecinos. No
sabía encontrar sus propios objetos personales que
ella misma había guardado.
Alzheimer comenzó a escribir sus anotaciones en el
expediente el mismo 26 de noviembre de 1901, al
día siguiente de su ingreso en el centro. Él le hacía
preguntas muy simples y escribía debajo las respuestas
de la enferma. Todo ello aparece en cuatro
folios separados y fechados desde el 26 hasta el 30
de noviembre. Estos relatos dejan bien patente que
Auguste padecía un serio trastorno del lenguaje, falta
de comprensión, pobreza de lenguaje y clara asintaxis
al expresar sus ideas.
Como ejemplo y según una copia literal de sus anotaciones,
encontramos:
“A mediodía, Auguste estaba comiendo y le habían
servido en el plato coliflor y carne de cerdo.
¿ Qué está comiendo?, le preguntó Alzheimer.
Espinacas, respondió ella, que más que comer, mascaba
la carne.
Y prosiguió: Primero como las patatas y luego los
rábanos.”
El Dr. Alzheimer le mostró varios objetos. Tras un breve
periodo de tiempo, Auguste no guardaba recuerdo
de haberlos vistos.
Entre tanto hablaba y decía repetidamente: Señor
Gemelo, conozco al señor Gemelo, gemelos.
Escriba aquí; Señora D., le pidió Alzheimer. Ella escribió:
“Señora” pero olvidó el resto.
Podía escribir su nombre completo si se le iba diciendo
cada palabra una por una. No obstante, en lugar
de Auguste, escribió Auguse.
La paciente tenía problemas para escribir frases o
sentencias juntas y mostraba signos de perseveración
verbal. Al leer pasaba erróneamente de una línea
a la otra y repetía la misma línea tres veces. Sin embargo,
reconocía correctamente las letras. Parecía
que no entendía lo que leía. Acentuaba las palabras
de una manera rara.
El examen físico general y neurológico fue normal,
salvo en lo concerniente a la memoria y al lenguaje.
La enferma colaboraba y no estaba ansiosa durante
el reconocimiento. Pero de repente decía: Ahora mismo
llamó una niña. ¿Está aquí? Ella oye su llamada;
también conoce a la Sra. Gemela.
Cuando se la llevó desde la habitación de aislamiento
a su cama, se agitó, comenzó a gritar y dejó de
colaborar. Mostraba señales de gran temor y repetía
sin cesar: No quiero que me lastimen, no quiero hacerme
daño.
A partir de ese día, su comportamiento se hizo hostil,
gritaba frecuentemente y arremetía contra quien
quería examinarla. Permanecía frecuentemente en el
cuarto de estar, tocaba la cara de los otros enfermos
y los golpeaba. Era difícil imaginarse qué era lo que
quería. Tuvo que ser aislada de los demás enfermos.
Cuando se intentaba hablar con ella, decía: No quiero,
no tengo tiempo.
Todos estos síntomas fueron empeorando mes a
mes, año a año. Hay una anotación de 11 de noviembre
de 1904 que indica que Auguste yacía “en
posición fetal en su cama, acurrucada bajo las mantas,
con ergasiomanía senil, ensuciándose a sí misma
continuamente. Ya no gritaba tanto como antes
lo hacía”.
Otra de 12 de julio de 1905 señala que estaba “completamente
aturdida; siempre acostada en la cama
con las piernas encogidas; manchándose a sí misma
de manera habitual con sus heces y orina; sin decir
nada nunca. Farfullaba consigo misma, necesitaba
que le dieran alimento. A veces se agitaba sin causa
aparente ocasionando un gran barullo por sus gritos
en alta voz y refunfuños”.
Fue tratada repetidamente con sedantes que unas
veces le calmaban y otras no. También le metieron
casi a diario en el baño terapéutico, bien de agua
fría, bien de agua caliente (método habitual en el Asilo
de Frankfurt). Iba perdiendo peso de manera muy
ostensible.
Las últimas quince líneas de la historia describen los
últimos días de Auguste: Desde principios de 1906,
comenzó con úlceras por decúbito (escaras): aparecieron
en el sacro y en el promontorio del fémur del
lado izquierdo alcanzando el tamaño de una moneda
de cinco marcos. Su debilitamiento físico era cada
vez mayor. Todo el mes de marzo de este año tuvo
fiebre alta de hasta 40 grados. Se le diagnosticó una
neumonía en ambos lóbulos pulmonares inferiores.
Seguía muy agitada gritando fuerte muy a menudo.
Los primeros días de abril estuvo muy aturdida la
mayor parte del tiempo. La fiebre subió a 41 grados.
Finalmente, Auguste murió el 8 de abril de 1906, a
las seis y cuarto de la mañana.
Informe inicial de la autopsia
Esta mañana exitus letalis: muerte. Causa de la
muerte: septicemia como consecuencia de las úlceras
de decúbito; envenenamiento de la sangre como
consecuencia de las escaras. Diagnóstico anatómico:
ligero hidrocéfalo externo-interno; acumulación
de agua fuera y dentro de los ventrículos. Atrofia
cerebral: achicamiento cerebral. ¿Arteriosclerosis de
los pequeños vasos corticales? Neumonía de ambos
lóbulos inferiores: inflamación pulmonar. Nefritis: inflamación
renal.
Epicrisis de la enfermedad
Esta enferma tenía 51 años cuando enfermó y casi
56 cuando falleció. La enfermedad comenzó con un
marcado sentimiento de celos sobre su marido. Enseguida
apareció deterioro de memoria rápidamente
progresivo. Estaba desorientada con respecto al
tiempo y al lugar. Medio año después, Auguste desarrolló
síntomas típicos de demencia muy rápidamente
progresiva. El examen neurológico no ponía
de manifiesto signos de déficit focal. No tenía trastornos
motores, usaba bien las manos y andaba sin
problemas.
La enferma murió tras permanecer cuatro años y medio
hospitalizada. Los síntomas se habían iniciado 11
meses antes de su ingreso así que la duración total
de la enfermedad hasta la muerte fue de cinco años
y un mes. En la etapa final estaba completamente
apática y confinada a la cama en posición fetal (con
las rodillas dobladas y las piernas pegadas al pecho),
incontinente y, a pesar de todo el cuidado y atención
que se le prestó, aparecieron úlceras decúbito
y neumonía, que fueron las auténticas causas de su
muerte.

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